Categoría: Colombia

  • El pulso de la Red STEAM Robótica Colombia

    La educación del futuro no se construye en aislamiento. Se construye conectando experiencias, talentos, contextos diversos y saberes distribuidos a lo largo de un territorio. Esta certeza fue el eje de nuestra conversación con Ana María Muñoz González, Coordinadora de Dotación, Implementación y Gestión de Labs STEAM de la Universidad Nacional de Colombia y una de las promotoras de la Red STEAM Robótica Colombia, una iniciativa emblemática que articula esfuerzos del Ministerio de Ciencia con la academia y las comunidades para llevar innovación educativa a múltiples regiones del país.
    La Red nació de una necesidad concreta: conectar las 29 aulas STEAM distribuidas a lo largo de Colombia. Espacios ubicados en lugares como Putumayo, La Guajira, Guaviare, Quibdó, Tumaco, Apartadó, Pasto, San Basilio de Palenque, Albán, Cartagena, Quibdó, Uribia, Valle del Guamuez (La Hormiga), Valledupar, Ocaña, San José del Guaviare, Charalá, Minca (Santa Marta) y Medellín, separados geográficamente pero con un propósito compartido, necesitaban un ecosistema de colaboración nacional donde docentes, investigadores, estudiantes y aliados pudieran aprender, compartir y crecer juntos. Más que un nombre, Red significa comunidad, una red que trabaja para sostenerse en colectivo, apoyarse mutuamente y articular saberes distintos desde la innovación educativa.

    Estrategias para equidad, acceso y participación regional
    La apuesta de la Red no se queda en la idea de conectar aulas: se traduce en estrategias concretas para que las comunidades alrededor de esas aulas se incorporen activamente a procesos de aprendizaje en robótica y STEAM. Para lograrlo, el Ministerio de Ciencia es Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación ha jugado un papel clave, no solo en la financiación y acompañamiento, sino en la construcción de alianzas con secretarías de educación, alcaldías y otras instituciones territoriales para visibilizar la presencia de estas aulas y suscitar interés en los diferentes contextos.

    La Red trabaja en tres frentes fundamentales:

    1. Comunicación y sensibilización local, para que la población sepa que existe un aula STEAM y pueda participar.
    2. Dotación e implementación de espacios físicos con equipos y estructuras que permiten prácticas significativas.
    3. Formación docente y estudiantil, con modalidades presenciales y virtuales: formadores de la Universidad Nacional enseñan a equipos STEAM, robótica,
      electrónica, metodologías activas, diseño y modelación 3D, incluso inteligencia artificial. Además, un equipo de tutores acompaña los procesos de investigación y presentación de resultados, viajando periódicamente a cada territorio para monitorear avances y resolver dudas.
      También se han contratado tutores residentes en las propias aulas, quienes permanecen allí varios días para incentivar el uso cotidiano de los laboratorios y apoyar la articulación de proyectos con las comunidades educativas.

    Proyectos que hablan de emoción, identidad y sentido
    Durante el reciente encuentro de la Red celebrado el 28 de noviembre, la comunidad pudo presentar sus trabajos más recientes. Las experiencias que se compartieron son un mosaico de creatividad, impacto social y conexión con los territorios:

    • Cuidadores y cuidadoras de aves (Charalá, Santander): liderado por una profesora apasionada, este proyecto conectó a estudiantes con la observación de aves locales, identificando especies por sonidos, modelando aves en 3D, creando instrumentos-pájaro con acústica específica, libros para colorear, vídeos con lenguaje de señas (español e inglés) y material en lenguaje de señas, articulando ciencia, arte y lenguaje en clave comunitaria.
    • Carroza animatrónica para el Carnaval de Negros y Blancos (Pasto): dos profesoras acompañaron a sus estudiantes a diseñar y construir una carroza electrónica con sensores, manejos y diseño estructural completo. El proceso fue una
    • Aventura interdisciplinaria, que involucró técnicas de diseño, ingeniería y creatividad cultural.
    • Diver Cosecha (Minca, Santa Marta): con mesas borrables y superficies para dibujar (son parte de mobiliario diseñado para cada aula), los estudiantes visualizaron huertas, identificaron partes de plantas, grabaron sus dibujos en madera mediante grabado láser y vivieron un aprendizaje que articula arte, ecología y tecnología.
    • Gaby Chat (Ocaña): un robot que habla en español, inglés y ocañol (dialectal), desarrollado por un profesor de inglés. El robot se viralizó en medios, movilizando donaciones y atención pública, demostrando cómo la cultura local puede entrar al discurso tecnológico con humor, identidad y pertinencia.
      Cada aula produce, en promedio, más de diez proyectos al año, muchos relacionados con energías renovables, cuidado ambiental y rescate del patrimonio local. Cada uno es un testimonio de que cuando un joven puede crear, imaginar y poner en práctica soluciones, el aprendizaje deja de ser un ejercicio teórico y se convierte en un acto de transformación social.

    Un mensaje desde el corazón de la Red
    Frente a los desafíos que enfrenta la educación —la sobreestimulación digital, la corta atención, la necesidad de nuevas formas de enseñanza— Ana María compartió una invitación clara para quienes lideran y enseñan en otras regiones: no tener miedo de explorar nuevas formas de enseñar y aprender. Las metodologías STEAM, con su enfoque práctico, lúdico e interdisciplinario, permiten que estudiantes se concentren, se apasionen y se comprometan con el aprendizaje.
    La Red no es un espacio aislado; articula experiencias, comparte herramientas, visibiliza logros y genera redes de colaboración en todo el país y, potencialmente, más allá de sus fronteras. Su valor no está solo en la tecnología, sino en la manera en que se integra con la comunidad, la cultura y el proyecto de vida de los estudiantes.
    La esencia de la Red STEAM Robótica Colombia es, precisamente, entender que la innovación educativa no se reduce a máquinas o códigos, sino al impacto que tiene en las personas y sus territorios. No es solo colocar aulas, sino activar emociones, habilidades y significados; no es solo enseñar robótica, sino construir historias colectivas de aprendizaje y sentido.
    Así, la Red se consolida como una referencia para Latinoamérica: un modelo donde la ciencia, la tecnología y la robótica son puentes para repensar la educación desde la cotidianidad, la colaboración y la comunidad. Donde cada proyecto compartido es un acto de esperanza y cada aula conectada es un punto de luz para el futuro educativo de Colombia.

    Nota: Jesenia Rodríguez@jeseniarodriguezedu

  • Explorando metodologías que están revolucionando la educación

    En medio de un mundo en constante transformación, donde los retos de la educación contemporánea exigen nuevas formas de pensar y actuar, el diseño centrado en humanos (HCD, por sus siglas en inglés) emerge como una poderosa metodología para reimaginar la experiencia de aprender y enseñar. Desde el Siebel Center for Design de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign, Rachel Switzky, su directora, ha liderado un movimiento que articula esta visión con una pregunta esencial: ¿Cómo diseñar para el ser humano en su totalidad dentro del ecosistema educativo?
    En conversación con Rachel, comprendemos que el enfoque de HCD no se trata solo de generar soluciones “bonitas” o “efectivas”, sino de construir relaciones significativas y sostenibles en los sistemas educativos. “Diseñar centrado en humanos implica entender que las necesidades del profesorado, del estudiantado, de las familias y de las instituciones están profundamente interconectadas”, afirma. Esa mirada sistémica es lo que permite identificar los puntos de tensión, las oportunidades y las emociones que atraviesan a quienes participan del acto educativo.


    Una de las claves de este enfoque es no asumir que conocemos las necesidades del otro, sino crear procesos para descubrirlas con humildad, empatía y escucha activa. Rachel enfatiza que el HCD es una metodología con etapas claras: exploración, investigación empática, co-creación y prototipado, validación e implementación. Cada una permite que el profesorado y los equipos escolares visualicen futuros posibles, construidos desde la evidencia, las emociones y los sueños de las personas que habitan las escuelas.
    “Uno de los aportes más potentes del diseño centrado en humanos es que no se queda en la imaginación: invita a prototipar, a equivocarse y a aprender rápido. A imaginar grandes cambios, pero comenzar con hilos pequeños que transformen una clase, una conversación o una decisión escolar”, explica. Así, el cambio deja de ser una meta inalcanzable para convertirse en un proceso accesible y compartido.
    El trabajo de Rachel también se ha centrado en demostrar, con datos y evaluaciones rigurosas, que el diseño centrado en humanos mejora los aprendizajes, el clima escolar y la motivación profesoral. Su equipo ha desarrollado una taxonomía pensada para el mundo educativo, que permite identificar necesidades sociales, emocionales y cognitivas, conectarlas con prácticas concretas y medir su impacto. “Creamos un nuevo cuerpo de conocimiento, porque antes no existía suficiente evidencia de que el HCD funcionaba en escuelas. Hoy tenemos artículos revisados por pares, herramientas, procesos de formación y una comunidad creciente de educadores que lo aplican en todo el mundo”, comparte con entusiasmo.
    Para Rachel, cultivar una cultura de diseño centrado en humanos en los equipos escolares no significa imponer recetas, sino abrir espacios de reflexión compartida. Significa tener un lenguaje común, visualizar los mapas de actores, dialogar sobre necesidades reales y decidir juntos qué cambios queremos ver. “Cada comunidad es distinta, no se trata de copiar modelos. Se trata de co-crear desde quiénes somos y quiénes queremos llegar a ser como escuela”, concluye.
    Esta conversación con Rachel Switzky tuvo lugar en el marco de un taller inmersivo realizado en las instalaciones de la Universidad EAFIT, en la ciudad de Medellín. El espacio fue también liderado por Carolina Cuesta Hincapié, Doctora en Educación de la Universidad de Illinois e investigadora del mismo centro que Rachel. Allí, diferentes profesionales del ámbito educativo compartimos una jornada llena de movimiento, reflexiones y acciones concretas con el potencial de impactar nuestras comunidades.
    En el Ecosistema de Innovación Educativa utilizamos metodologías que nos invitan a pensar diferente y que nos plantean escenarios de innovación. Abordar estas miradas es inyectar nuevas formas de entender y trabajar en espacios educativos, donde la innovación encuentra herramientas diversas para articular soluciones reales, centradas en las personas.
    En tiempos donde la innovación educativa parece muchas veces guiada por la tecnología, Rachel nos recuerda que el diseño centrado en humanos pone en el centro algo esencial: las personas. Y eso, en educación, sigue siendo lo más revolucionario.

    Nota: Jesenia Rodríguez@jeseniarodriguezedu

  • Aprender con sentido: reflexiones desde la visita al Colegio Unidad Pedagógica

    A veces, la educación se descubre en los detalles: en una escultura hecha por estudiantes, en el aroma del campo que anuncia la llegada a una escuela, o en una conversación entre quienes han dedicado su vida a enseñar desde el corazón. Así fue nuestra visita al Colegio Unidad Pedagógica, ubicado en las afueras de Bogotá, en una zona donde lo rural y lo urbano se entrelazan para ofrecernos una mirada distinta del país y de la escuela.

    En el marco del trabajo colaborativo que impulsa el Ecosistema de Innovación Educativa, esta visita se convirtió en una invitación a detenernos, observar y sentir lo que significa una escuela construida sobre vínculos reales, sobre una pedagogía que reconoce al otro, que entiende el aprendizaje como una forma de habitar el mundo.

    El Colegio Unidad Pedagógica nació en 1979, impulsado por un grupo de jóvenes maestros que no solo cuestionaron la educación tradicional, sino que se atrevieron a construir una alternativa real y viva. Estaban convencidos de que era posible educar desde otras formas, más humanas, más dialogadas, más conectadas con la vida de niños, niñas y jóvenes. Entre sus fundadores figuran Francisco Cajiao, Jaime Carrasquilla (q.e.p.d.), Julia Rodríguez (q.e.p.d.), Ligia Victoria Nieto, Magdalena Echeverry, María Lourdes Jácome (q.e.p.d.) y Teresa Fornaguera Carulla. Desde esa convicción profunda por una pedagogía activa, ética y comunitaria, sembraron un proyecto que ha crecido con el paso del tiempo y que sigue siendo hoy un faro para quienes creen en la educación como acto transformador. Para quienes lo soñaron, verlo florecer más de cuatro décadas después no solo es motivo de orgullo, sino una confirmación de que sí es posible educar con sentido, con coherencia y con esperanza.

    El camino hasta llegar al colegio ya es simbólico: dejamos la ciudad de asfalto y nos adentramos en una Bogotá distinta, de aire fresco y caminos verdes. Es como si el paisaje nos preparara para lo que vendría. Lo que encontramos al cruzar la puerta no fueron solamente aulas, sino una comunidad viva. Murales, fotografías, esculturas: cada rincón habla del paso de generaciones de estudiantes que, en lugar de recibir el conocimiento, lo han creado, moldeado y dejado como legado.

    Nos recibió Javier Cajiao, rector del colegio, junto a la coordinadora Zahira Aldana. Con ellos recorrimos no solo los espacios físicos, sino las ideas que sostienen una propuesta educativa que ha influido profundamente en la historia de la pedagogía en Colombia. Fundado por un grupo de pedagogos visionarios, el colegio ha sido referente de un modelo crítico, participativo y profundamente humanista, que ha trascendido modas para mantenerse vigente por su coherencia y compromiso con las comunidades que acompaña.

    En medio de nuestra visita, coincidimos con la muestra de proyectos finales. Ver a estudiantes de distintos grados presentar sus procesos de investigación a través de experiencias de cocina, relatos históricos y trabajos artísticos fue mucho más que un ejercicio académico. Fue el testimonio de una educación que conecta saberes con vida, conocimiento con propósito. Detrás de cada proyecto hay un camino de exploración, preguntas reales, acompañamiento sensible y confianza.

    El modelo pedagógico del colegio se estructura desde pilares que hoy cobran más vigencia que nunca: la ética, el trabajo, la participación y el conocimiento como motores de transformación personal y colectiva. Aquí, la innovación no se piensa como una tecnología disruptiva, sino como una manera de volver al sentido profundo de educar: formar seres humanos capaces de convivir, de pensar de manera crítica y de construir comunidad.

    Zahira Aldana en una obra de arte creada por los estudiantes donde hicieron la cartografía del Colegio Unidad Pedagógica.

    Este tipo de visitas también nos recuerdan algo fundamental: que aprender es, ante todo, un acto de encuentro. En cada conversación con docentes, en cada saludo de los estudiantes, en cada historia compartida, se evidencia que la escuela es también un espacio para tejer vínculos, para aprender a ser con otros. Las experiencias inmersivas como esta nos ayudan a descubrir la diversidad de nuestro país, y a entender que las respuestas a los desafíos educativos no están en un solo modelo, sino en la capacidad de dialogar con otros caminos.

    Desde el Ecosistema de Innovación Educativa valoramos profundamente estos espacios que nos inspiran, nos confrontan y nos abren nuevas posibilidades. El Colegio Unidad Pedagógica es ejemplo de cómo se puede educar desde la coherencia, desde una pedagogía del cuidado, del arte, del pensamiento y de la paz. En tiempos de urgencias y aceleraciones, esta escuela nos invita a hacer una pausa para mirar de nuevo lo esencial.

    Salir del Colegio Unidad Pedagógica fue como regresar a la ciudad con el corazón lleno de nuevas preguntas y con la certeza de que hay escuelas que siguen apostando por una educación que transforma, que vincula y que deja huella.

    ¿Quieres conocer más sobre comunidades educativas que inspiran?

    Te invitamos a recorrer junto a nosotros las experiencias vivas de la Red de Colegios del Ecosistema de Innovación Educativa.

    Jesenia Rodríguez

    Líder del Ecosistema de
    Innovación Educativa
    (Medellín, Colombia), donde
    acompaña a colegios en la
    implementación de soluciones
    innovadoras que transforman
    sus modelos pedagógicos
    y fortalecen la formación
    de directivos, docentes y
    estudiantes.

  • Educación (es) gobernar-nos o ser gobernado: El nuevo libro de José Darwin Lenis Mejía que plantea la educación como dilema de poder

    La obra propone un recorrido histórico y crítico sobre el papel de la educación como fuerza de emancipación o sometimiento. Con un estilo accesible y sensible, el autor invita a repensar los paradigmas educativos frente a los retos sociales y digitales del siglo XXI.

    La educación no solo forma ciudadanos: también los define frente al dilema de gobernarse a sí mismos o ser gobernados por otros. Ese es el eje central del nuevo libro “Educación (es) gobernar-nos o ser gobernados” del doctor José Darwin Lenis Mejía, educador con más de tres décadas de experiencia, publicado por Editorial Planeta y próximo a ser presentado en la Feria Internacional del Libro en Cali.

    Lenis, doctor en educación de la Universidad del Valle y ex secretario de Educación Distrital de Cali, ha dedicado su vida a sembrar y abonar semillas educativas que aporten a una sociedad más justa y sensible. Con esta nueva obra, plantea una reflexión urgente sobre el papel de la educación en un mundo en el que las dinámicas digitales, las tensiones sociales y las nuevas formas de poder exigen repensar cómo nos relacionamos con el conocimiento.

    “La educación tiene una singularidad: puede liberarnos o atarnos a las más complejas formas de vida. Es un gobierno de uno mismo que entra en juego con las comunidades y que se conecta con el arte de la política como forma de convivencia social”, explica el autor, quien invita a mirar la educación no solo como un proceso técnico, sino como una construcción cultural y política que define libertades y horizontes colectivos.

    El libro, narrado en prosa con un estilo accesible pero cargado de rigor académico, recorre desde los referentes clásicos de la Grecia antigua hasta los debates más contemporáneos sobre la vida maquínica, el mundo de las inteligencias artificiales y la robótica. Con referencias a la música, la pintura, el cine y la filosofía, la obra se convierte en una travesía intelectual y estética que invita a desinstalar paradigmas y a mirar la educación como una fuerza capaz de transformar la vida cotidiana y el futuro de las sociedades.

    Dirigido a profesores, investigadores, pedagogos, familias y ciudadanos interesados en comprender los alcances de la educación en el siglo XXI, “Educación (es) gobernar-nos o ser gobernados” se presenta como una invitación a soñar y a navegar en mundos posibles que nacen de la práctica pedagógica. “La educación es una gran obra de arte, llena de actores, representaciones simbólicas y de posibilidades libertarias”, afirma Lenis Mejía en uno de los apartados, resaltando la dimensión creativa y transformadora que atraviesa cada página.

    Con esta publicación, el profesor José Darwin Lenis Mejía suma un nuevo hito a su trayectoria como escritor y pensador educativo, tras obras como ¿Qué es la educación? (2020), Didáctica y saber de la educación técnica en Colombia (2022) y Educación positiva. El desafío de formar en la dictadura digital y el imperio de las emociones  (2023). Su nuevo libro llega en un momento clave para el debate educativo en América Latina, en el que se discuten reformas, modelos pedagógicos y el rol de la educación frente a los cambios sociales y tecnológicos.

    El lanzamiento oficial de “Educación (es) gobernar-nos o ser gobernados” se realizará en la Feria Internacional del Libro de Cali, donde se abrirá un espacio de diálogo con docentes, estudiantes, investigadores y medios de comunicación. Un escenario que promete convertirse en el punto de partida para nuevas discusiones sobre la educación como motor de transformación y justicia social.

    Acerca del autor

    José Darwin Lenis Mejía es doctor en Educación de la Universidad del Valle, escritor y profesor con más de 30 años de experiencia en seminarios universitarios en los niveles de maestría y doctorado en distintas universidades del país.. Ha ejercido como directivo escolar, orientador en seminarios universitarios y fue secretario de Educación Distrital de Cali. Su trayectoria académica y periodística incluye colaboraciones en medios como El Tiempo, El Espectador, El País, ADN, Diario Occidente y La Silla Vacía. Autor de varios libros, entre ellos ¿Qué es la educación? (2020), Didáctica y saber de la educación técnica en Colombia (2022) y Educación positiva (2023), es reconocido por su defensa de la educación como derecho fundamental, oportunidad social y herramienta de transformación colectiva.