Categoría: Columnas

  • Aprender con sentido: reflexiones desde la visita al Colegio Unidad Pedagógica

    A veces, la educación se descubre en los detalles: en una escultura hecha por estudiantes, en el aroma del campo que anuncia la llegada a una escuela, o en una conversación entre quienes han dedicado su vida a enseñar desde el corazón. Así fue nuestra visita al Colegio Unidad Pedagógica, ubicado en las afueras de Bogotá, en una zona donde lo rural y lo urbano se entrelazan para ofrecernos una mirada distinta del país y de la escuela.

    En el marco del trabajo colaborativo que impulsa el Ecosistema de Innovación Educativa, esta visita se convirtió en una invitación a detenernos, observar y sentir lo que significa una escuela construida sobre vínculos reales, sobre una pedagogía que reconoce al otro, que entiende el aprendizaje como una forma de habitar el mundo.

    El Colegio Unidad Pedagógica nació en 1979, impulsado por un grupo de jóvenes maestros que no solo cuestionaron la educación tradicional, sino que se atrevieron a construir una alternativa real y viva. Estaban convencidos de que era posible educar desde otras formas, más humanas, más dialogadas, más conectadas con la vida de niños, niñas y jóvenes. Entre sus fundadores figuran Francisco Cajiao, Jaime Carrasquilla (q.e.p.d.), Julia Rodríguez (q.e.p.d.), Ligia Victoria Nieto, Magdalena Echeverry, María Lourdes Jácome (q.e.p.d.) y Teresa Fornaguera Carulla. Desde esa convicción profunda por una pedagogía activa, ética y comunitaria, sembraron un proyecto que ha crecido con el paso del tiempo y que sigue siendo hoy un faro para quienes creen en la educación como acto transformador. Para quienes lo soñaron, verlo florecer más de cuatro décadas después no solo es motivo de orgullo, sino una confirmación de que sí es posible educar con sentido, con coherencia y con esperanza.

    El camino hasta llegar al colegio ya es simbólico: dejamos la ciudad de asfalto y nos adentramos en una Bogotá distinta, de aire fresco y caminos verdes. Es como si el paisaje nos preparara para lo que vendría. Lo que encontramos al cruzar la puerta no fueron solamente aulas, sino una comunidad viva. Murales, fotografías, esculturas: cada rincón habla del paso de generaciones de estudiantes que, en lugar de recibir el conocimiento, lo han creado, moldeado y dejado como legado.

    Nos recibió Javier Cajiao, rector del colegio, junto a la coordinadora Zahira Aldana. Con ellos recorrimos no solo los espacios físicos, sino las ideas que sostienen una propuesta educativa que ha influido profundamente en la historia de la pedagogía en Colombia. Fundado por un grupo de pedagogos visionarios, el colegio ha sido referente de un modelo crítico, participativo y profundamente humanista, que ha trascendido modas para mantenerse vigente por su coherencia y compromiso con las comunidades que acompaña.

    En medio de nuestra visita, coincidimos con la muestra de proyectos finales. Ver a estudiantes de distintos grados presentar sus procesos de investigación a través de experiencias de cocina, relatos históricos y trabajos artísticos fue mucho más que un ejercicio académico. Fue el testimonio de una educación que conecta saberes con vida, conocimiento con propósito. Detrás de cada proyecto hay un camino de exploración, preguntas reales, acompañamiento sensible y confianza.

    El modelo pedagógico del colegio se estructura desde pilares que hoy cobran más vigencia que nunca: la ética, el trabajo, la participación y el conocimiento como motores de transformación personal y colectiva. Aquí, la innovación no se piensa como una tecnología disruptiva, sino como una manera de volver al sentido profundo de educar: formar seres humanos capaces de convivir, de pensar de manera crítica y de construir comunidad.

    Zahira Aldana en una obra de arte creada por los estudiantes donde hicieron la cartografía del Colegio Unidad Pedagógica.

    Este tipo de visitas también nos recuerdan algo fundamental: que aprender es, ante todo, un acto de encuentro. En cada conversación con docentes, en cada saludo de los estudiantes, en cada historia compartida, se evidencia que la escuela es también un espacio para tejer vínculos, para aprender a ser con otros. Las experiencias inmersivas como esta nos ayudan a descubrir la diversidad de nuestro país, y a entender que las respuestas a los desafíos educativos no están en un solo modelo, sino en la capacidad de dialogar con otros caminos.

    Desde el Ecosistema de Innovación Educativa valoramos profundamente estos espacios que nos inspiran, nos confrontan y nos abren nuevas posibilidades. El Colegio Unidad Pedagógica es ejemplo de cómo se puede educar desde la coherencia, desde una pedagogía del cuidado, del arte, del pensamiento y de la paz. En tiempos de urgencias y aceleraciones, esta escuela nos invita a hacer una pausa para mirar de nuevo lo esencial.

    Salir del Colegio Unidad Pedagógica fue como regresar a la ciudad con el corazón lleno de nuevas preguntas y con la certeza de que hay escuelas que siguen apostando por una educación que transforma, que vincula y que deja huella.

    ¿Quieres conocer más sobre comunidades educativas que inspiran?

    Te invitamos a recorrer junto a nosotros las experiencias vivas de la Red de Colegios del Ecosistema de Innovación Educativa.

    Jesenia Rodríguez

    Líder del Ecosistema de
    Innovación Educativa
    (Medellín, Colombia), donde
    acompaña a colegios en la
    implementación de soluciones
    innovadoras que transforman
    sus modelos pedagógicos
    y fortalecen la formación
    de directivos, docentes y
    estudiantes.

  • Mudanzas con Santiago Kovadloff

    «¿En dónde nos debemos parar para sacar provecho a esta travesía colectiva de tres días y que no sea un congreso más?» Ese fue el desafío que plantearon Juan María Segura y Marcelo Rivera a los asistentes del VII Congreso de Educación & Desarrollo Económico», celebrado en Punta del Este (Uruguay) a finales del pasado mes de octubre. Y para dar los primeros pasos, nos plantearon a Santiago Kovadloff (ensayista, poeta, traductor… hombre sabio y potente orador) y a mí (un humilde representante del mundo educativo) que mantuviéramos una conversación tranquila y profunda a propósito de este tiempo de incertidumbres y encrucijadas. Escribo estas Mudanzas, inspirado en aquella hermosa conversación.

    Hablar con Santiago es dejarse llevar hacia cualquier sitio porque sabes que en la travesía la conversación te va a llevar al ámbito de la intimidad y el crecimiento. Como él señaló, «estar solo es poner en juego la propia persona. La otra soledad es absoluta ausencia«. Por eso le pregunté quién es nuestro Virgilio, estableciendo una relación metafórica con la de un acompañante con autoridad moral al estilo de un maestro. Virgilio fue el poeta clásico que escogió imaginariamente Dante para que le acompañara al Infierno y al Purgatorio en su búsqueda espiritual en la Divina Comedia. Y Santiago responde, citando al físico Arthur Eddington, que nuestro Virgilio «no es aquel que sabe a dónde conducirnos, sino aquel que sabe a dónde corremos el riesgo de ir sin querer«.

    El mundo educativo siempre ha sido un gran relato. A veces heroico, a veces errático, pero siempre lleno de vida. Es la historia de miles de docentes, estudiantes, familias e instituciones que, sin saberlo, están escribiendo juntos el destino de la humanidad. Sin embargo, en los últimos años, esa historia parece confundida. Avanza sin rumbo claro, atrapada entre la tradición y la urgencia. Hay quienes repiten viejas fórmulas, como si el pasado bastara para iluminar el futuro. Y otros que, con prisa, improvisan caminos sin brújula.

    Santiago reflexiona que enfrentar una crisis no es algo inédito en la historia de la humanidad, puesto que nuestra historia está caracterizada por desafíos perpetuos que el ser humano afronta. Y nos interroga por qué, si no, existen perpetuamente un Dante, un Sócrates o un Montaigne… o aquellos agoreros que afirmaron que con la imprenta se acababa todo, o que con la imprenta se renovaba todo. Los seres humanos somos una especia inconclusa, productora de interrogaciones.

    Hay que mirar más profundo: entender que la educación no puede ser un campo de ensayo improvisado, sino una obra coral, intencionada, consciente de su propósito. La educación no es un acto técnico, sino un acto de sentido. Es un proyecto de humanidad. Educamos para que los alumnos puedan optar en el mundo desde el conocimiento y una escala de valores.

    Compartimos con Santiago la necesidad de ver la escuela como comunidad de aprendizaje, como un espacio donde se dialoga, se reflexiona y se construye colectivamente. “Los pueblos no se improvisan: se educan.”  dejó escrito Domingo Sarmiento. El mundo educativo enfrenta su dilema: seguir siendo un sistema que repite rutinas o convertirse en un ecosistema de sentido.
    La tentación de la mediocridad es fuerte: simplificar, cumplir, sobrevivir.
    Pero el conflicto se resuelve solo cuando los actores se reconocen parte del relato y entienden que la educación no es un servicio, sino un compromiso ético con el futuro.

    El mundo educativo debe comprende que su tarea no es acumular contenidos, sino cultivar conciencia. Aprender que su historia se renueva cuando se atreve a ser crítica, cuando el aprendizaje se vuelve vida, y la escuela, un lugar donde se construye esperanza. El futuro dependerá de cómo escribamos juntos esta historia.

    José «Pepe» Menéndez

    Referente Internacional en Transformación Educativa desde una mirada integral.

    Autor de Educar para la vida y Escuelas que valen la pena.
    Fue director del Colegio Joan XXIII (Barcelona) y director adjunto de la Red de Colegios de Jesuitas de Cataluña.

  • Calidad Educativa vs. Cantidad: ¿un dilema que persiste?

    En las últimas décadas algunos países de América Latina han avanzado de manera significativa en la expansión de la cobertura escolar. Hoy, la matrícula en educación básica es prácticamente universal y la asistencia a la educación media y superior muestra cifras históricamente altas. Sin embargo, este logro en términos de cantidad contrasta con los desafíos persistentes en la calidad de los aprendizajes.

    Estudios internacionales como las pruebas PISA, el Informe Aprender en Argentina y el SIMCE en Chile…”, evidencian que una proporción importante de estudiantes no alcanza las competencias mínimas en lectura, matemáticas y ciencias. Se trata de un fenómeno descrito por el Banco Mundial como “learning poverty” (“pobreza de aprendizajes”), tal como aparece en el documento “Ending Learning Poverty: What Will It Take?”2019; lo que refleja que millones de niños y jóvenes asisten a clases, pero no adquieren las herramientas fundamentales para desenvolverse en la sociedad contemporánea.

    El caso de Chile es particularmente ilustrativo. La expansión del sistema escolar y universitario ha permitido que nuevas generaciones accedan a oportunidades antes restringidas, pero las brechas de aprendizaje según nivel socioeconómico, territorio o tipo de establecimiento permanecen profundas. Además, problemas como la convivencia escolar, la infraestructura insuficiente y la desigual integración de la tecnología refuerzan la idea de que la cobertura por sí sola no garantiza calidad.

    En el plano regional, los diagnósticos son coincidentes. La UNESCO y el BID señalan que, si bien la matrícula en educación secundaria se ha expandido notablemente, al menos la mitad de los estudiantes no logra aprendizajes básicos al finalizar ese ciclo. Esto configura una paradoja: más jóvenes permanecen en la escuela, pero sin que ello se traduzca en mayor aprendizaje, mayor desarrollo de habilidades o mejores condiciones de empleabilidad.

    El dilema entre calidad y cantidad nos exige a todos tener una mirada hacia un enfoque integrado. No se trata de optar por una u otra dimensión, sino de avanzar en ambas de manera simultánea. Algunas acciones que se pueden implementar para lograr avances, serían fortalecer la formación inicial y continua del profesorado, mantener actualizados los currículos y actividades extraprogramáticas con las demandas del siglo XXI, potenciar y fortalecer la educación preescolar.  Por otra parte, acciones que permitan incorporar tecnologías de manera equitativa, para así evitar que se sigan ampliando las brechas que ya existen. América Latina enfrenta el desafío de superar la mirada centrada exclusivamente en la matrícula como indicador de éxito educativo. La verdadera medida del progreso radica en garantizar aprendizajes significativos, equitativos y transformadores que permitan a nuestros jóvenes no solo permanecer en la escuela, sino también construir un futuro con mayores oportunidades.

    Por Milena Schublin Bisquertt

    Experta en Liderazgo, Innovación y vinculación de redes en Chile y Latam.

    Máster en dirección y gestión de instituciones educativas
    Universidad de Barcelona, estudios en la Organización de los Estados
    Americanos (OEA) sobre calidad para centros educativos e Inclusión, 
    Mediadora Familiar y Escola
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